Hemos llegado a Pamplona sobre la 11:30, después de montar la bicis, las alforjas y de soportar el minucioso examen del coche de alquiler por parte del empleado de ATESA comenzamos a rodar en busca de la estación de autobuses. No dejo de mirar el cielo, la previsión de lluvia me tiene un poco preocupado.
Como vamos con tiempo hemos empezado a callejear con la bicis por las zonas más emblemáticas de Pamplona, está bastante atestado de gente en plan turístico. Llamamos bastante la atención e incluso alguna persona nos aborda para preguntarnos de donde venimos, donde vamos, etc (esto nos va a suceder más de una vez). Parece que los peregrinos en bici llaman bastante la atención.
Como andamos bastante perdidos pido ayuda para orientarme a un Pamplónica que se muestra muy solicito. Esto también está resultando bastante común, al menos en los 2 primeros días, esperemos que sigan así, a la gente le gusta enrrollarse bastante pero se agradece la verdad porque todos parece dispuestos a echarte una mano. :-)
Finalmente encontramos la estación de autobuses, después de esto ya estamos más tranquilos así que buscamos algún sitio donde comer. Divagamos un poco y finalmente encontramos un sitio estupendo: "Casa Paco". Atamos las bicis fuera y nos metemos cargados con las alforjas, las mochilas, los cascos en el restaurante. Yo me pido unos garbanzos y trucha a la navarra, el lugar que a priori parecía muy discreto se llena de pamplonicas en un ambiente muy acogedor.
Sobre las 3 pillamos las bicis y volvemos a la estación de autobuses. Pensaba que habría menos peregrinos, pero el autocar se llena. Como vamos con bici nos dan prioridad para cargar, con lo que demontado todo el tinglado nos convertimos en el entretenimiento del resto de viajeros mientras esperan su turno. Otros dos bicigrinos nos echan una mano con el desmontaje (nos vamos encontrando buena gente por todos lados).
Finalmente comenzamos el trayecto hacia Roncesvalles, el cielo esta cada vez más amenazante. Delante de nosotros van un grupo de personajillos que deben de estar alrededor de los 40 que curiosamente se comportan como adolescentes (algo calentorros, sobre todo ellos) .
Nada más bajarnos delante de la Colegiata de Roncesvalles, comienza a llover. :-(.
Después de sellar nuestra credencial de peregrino nos asignan nuestras literas, la mía esta pegada a la de una irlandesa, así que me quedo por allí esperando a que se acerque el "maromo" para pedirme que le cambie el sitio,...,nada (viaja sóla) así que nos vamos al bar. Con la lluvia no hay mucho que hacer. El clima va emperoando por momentos y comienza una granizada que parece eterna. Los adolescentes de 40 se lo pasan pipa diciendo chorradas y haciendose fotos fuera mientras son apedregados, jajajaja,..., madre mía que especímenes.
Después de parecer dos jarrones en el bar (nos pasamos un par de horas allí) vamos a cenar. Nos ponen en una mesa con otros peregrinos que en un buen ambiente no paran de explicar anecdotas, echamos unas risas en un ambiente muy relajado. Después de esto a dormir.
Mi colchón es una porquería, tiene unos manchurrones que me obligará a hacer equilibrios toda la noche para no salirme del saco.
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